Amada por muchos, no muy querida para otros, incluso muchas veces ignorada, la alcachofa es un fruto que sale de una plata perenne del tipo cardo que llega a medir hasta 2 metros de alto. En realidad no hay muchos más antecedentes que dar porque probablemente todos sepan lo que es una alcachofa (también llamada alcaucil en otros países).
La alcachofa proviene desde el Noreste de África pero los griegos fueron quienes la llevaron hasta el Mediterráneo. Los antiguos griegos la consideraban una delicadeza gastronómica y un afrodisiaco, también se le atribuía la capacidad para dar a luz niños.

Esta planta fue tan influyente que incluso es parte de un mito griego: Había una doncella llamada Cynara, de la cual Zeus se enamoró, así que la convirtió en diosa y la llevó al Monte Olimpo. Cynara echaba de menos a su familia y volvió a la tierra. Zeus enojado, la convirtió en la primera alcachofa. Y de ahí viene su nombre científico «Cynara».
Los romanos más adinerados eran los que podían disfrutar de la alcachofa y las preparaban con miel, vinagre y comino. Bastante diferente a cómo la comemos hoy.
Una vez cultivada en el Mediterráneo, ésta se siguió extendiendo principalmente por Italia y España. Más tarde, los árabes le ponen un nuevo nombre: al-kharshuf, que significa «lengua de la tierra».
Durante la Edad Media, la alcachofa no destacó mucho y fue dejada de lado hasta que en siglo XV Catalina de Médicis, una fanática de los corazones de alcachofa, la introdujo a Francia después de casarse con Enrique II.
Con el descubrimiento de América, la alcachofa terminó siendo cultivada en este continente.
Al día de hoy, los primeros cinco productores de alcachofa del mundo son Egipto, Italia, España, Perú y Argentina.
¿Ustedes cómo comen las alcachofas?





