Twitter me gusta, pero no logra subvertirme. Tengo claro que las relaciones reales son mejores que las virtuales y virtualizar el gusto por la comida, tiene que tener un correlato con la realidad. Pero cuando las redes son un buen puente, su potencia es admirable.
A través de este medio recibí una invitación para conocer un clásico restorán ubicado en el corazón del barrio Club Hípico en Santiago Centro: “Ana María Restaurat”. Aquí nace el conflicto. Generalmente escribo de los lugares que me agradan. Por el contrario, los decepcionantes ganan mi total indiferencia. Este es por lejos el primer caso y si bien fui invitado, no me siento obligado a mencionarlo, sino solo por gusto.
Así, recibido calurosamente por su dueño, tuve la maravillosa oportunidad de probar los manjares de “Ana María Restaurant”
LA EXPERIENCIA
Empezamos por el aperitivo. Para mi un “Tom Collins”, reputado, bueno, muy bueno. Pero lo superlativo se presentó con el “Kir Ana María” Un Kir Royal personalizado, con dulzor perfecto y acompañado de murtillas que no implicaron para nada un efectismo innecesario, sino un componente que amalgamaba perfecto con la idea central de tan popular aperitivo. El primer paso era prometedor.
El fondo fue una selección de sus carnes de caza clásicas.
Primero “Ciervo a la cacerola”: Un plato contundente, con una cocción paciente que permite manejar de manera adecuada la inherente fuerza de la carne. Blanda, suave, pero con la personalidad que la caracteriza.
Segundo: “Codorniz escabechada”: Una delicada pieza que trató al ave con el clásico proceso del guiso (Con muchos condimentos agregados ¿curry?) que dejaban en el paladar el gusto propio de la carne y la positiva singularidad que suma la cocina “del Ana María”. Codorniz engañosa, cuya carne era más abundante de la que uno recuerda o se hace cargo a través del mito de su menudez.
Tercero: La obra maestra, Carne de jabalí, traída de Curarrehue (muchas de las veces por su propio dueño) trabajada durante mucho tiempo en cocina, fundida en especias y acompañamientos como la miel que articula de manera perfecta con esta carne capaz de cortarse solo con tenedor. Un corte imprescindible de esta carta. Si todo lo anterior era consistente por si mismo, solo este plato obliga a asistir a “Ana María”.
Probamos dos postres: un tiramisú con un toque final de licor pulcro y coherente y una torta merengue – lúcuma (que poco se aprecia estos clásicos en la actualidad) de textura blanda y de sabor maravilloso.
No creas más en mis palabras anda y pregunta a los mozos, son expertos en la preparación e historia de cada plato. Amables y solícitos suman positivamente a la experiencia.
Reminiscencias españolas, chilenas, salvajes, sofisticadas se aprecian en esta cocina ya tradicional y que recomiendo visitar a los no iniciados. La atención es gratísima y la ubicación clásica. No hay excusas para no vivir esta experiencia. Aparte el restaurant te enfrenta a una carta que despliega una variedad mucho más extensa en mariscos, aves, pastas y otros tipos de platos de los aquí descritos, lo que me obligará a asistir nuevamente.
Freddy Sánchez Ibarra
Ficha:
Dirección: Club Hípico # 476, Santiago
Web: http://www.anamariarestaurant.cl
Twitter: @anamaria_cocina





